Lang Lang: «La música es la mejor forma de curar»

Para el hinduismo, la mano izquierda marca el camino de lo heterodoxo, de lo que está fuera de las convenciones. A Lang Lang (Shenyang, 1982), su mano izquierda le ha llevado por una dirección inesperada para la mayor estrella del piano mundial. En marzo de 2017 anunció que sufría una lesión en el brazo, que terminó siendo una tendinitis aguda. El hiperactivo pianista chino tuvo que cancelar todos sus conciertos y desaparecer. Un silencio desconocido para esta ‘rockstar’ de la música culta. Hubo quien anunció el final de su carrera. Él mismo también llegó a dudar de su vuelta a los escenarios durante los casi dos años que estuvo apartado de ellos. Pero aquí está, en un ‘bateau mouche’ surcando el Sena un 14 de febrero, día de los enamorados, tocando el piano y sonriente. Ha vuelto. Pero no es, en absoluto, el mismo.

«Ha sido un periodo muy interesante», medita Lang Lang en París. Está firmando copias de ‘The piano book’, el disco que marca su retorno, con el que regresa igualmente al sello Deutsche Grammophon, y que se publica el próximo 29 de marzo. Una semana antes, el día 22, el pianista cerrará la sexta edición del festival Formentor Sunset Classics en el Teatro Real.

El joven de gesto excesivo que creó una nueva afición pianística en todo el mundo es ahora un hombre más reflexivo. «Por supuesto, nunca quise que sucediese así. No podía actuar, tenía que descansar y no había nada que pudiese hacer. Lo único que podía recuperarme era el tiempo», explica a EL MUNDO el pianista chino. «Pienso que, de algún modo, aprendí un montón de cosas a lo largo de este año y medio sin tocar. Fue una lección muy buena. En el aspecto físico, hice ejercicio para estar más en forma. Y mentalmente, intenté no pensar demasiado, centrarme en la recuperación. Y en ser una persona normal, con horarios. Así que podía comer a las siete de la tarde», bromea.

Lang Lang dice que ahora aprecia mucho más el «volver a tocar y sentir de nuevo este amor: el impacto real de acariciar las teclas de nuevo». Uno puede forzar muchas cosas y esforzarse en otras muchas, plantea, «pero no puedes forzar al tiempo». Había muchas noches en las que se decía: «No quiero estar aquí sentado. Quiero actuar, tocar mi piano». Pero no era posible. «Tenía que dejar de pensar en ello, bajar mis brazos y reposar».

No fue nada fácil para él. «Es duro, sí. Pero, gradualmente, me acostumbré a esta situación y me centré en otras actividades: clases magistrales, otros proyectos de enseñanza, el trabajo en mi fundación y escuchar música sinfónica (Brahms, Bruckner, Wagner), que me ayudó a recuperar la confianza en mí. Pero también en socializar y quedarme en casa. No es genial, pero está bien», suspira.

«El silencio te da la confianza para profundizar en las cosas. Y la paciencia que necesitas para la vida. Cuando vives instalado en la velocidad, has de recordar que existe otra manera de vivir. Porque acabas ‘empujado’ dentro de lo que crees que es la única forma de hacer las cosas: ‘Ok, hagamos un concierto cada dos días. No pasa nada. Me siento genial y a tope’. Pero cuando no estás bien, necesitas tu tiempo. Para pensar y experimentar las cosas. No vivir siempre bajo el rigor de lo que dicta tu agenda».

Para ver la noticia completa:  https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/03/11/5c82b61afdddffc2558b457a.html

 

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